Colegio y vida social
Informe PISA 2025: la comprensión lectora en su nivel más bajo (y qué puedes hacer en casa)
El 8 de septiembre se publicaron los resultados de PISA 2025 y los titulares dijeron todos más o menos lo mismo: la lectura de los adolescentes está en el nivel más bajo jamás registrado. Si tienes un hijo de cuatro, seis u ocho años, probablemente leíste esas noticias con un nudo en el estómago. Así que empecemos por la aclaración más importante: el informe PISA 2025 sobre comprensión lectora evalúa a chicos de 15 años. Ningún niño de cuatro rinde PISA.
Dicho eso, los datos importan y hay un puente honesto entre esa noticia y tu casa. Acá vas a encontrar qué dicen exactamente los números —y qué no dicen—, por qué es un error convertir la coincidencia entre pantallas y lectura en una causa demostrada, y seis cosas concretas que sí puedes hacer con un niño de 3 a 8 años. Sin culpa y sin alarmismo: la idea no es que termines asustado, sino con algo que depende de ti.
Qué dice el informe PISA 2025 sobre la comprensión lectora
PISA es la evaluación que organiza la OCDE cada tres años. Mide lectura, matemática y ciencias, siempre en el mismo grupo: alumnos de 15 años. En esta edición participaron más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías. Los números centrales, sin adornos:
- El promedio de lectura de la OCDE quedó en 461 puntos.
- La lectura cayó unos 14 puntos entre 2022 y 2025.
- Entre 2015 y 2025 la caída fue de 28 puntos en el promedio de la OCDE: el equivalente a "aproximadamente un año y medio de aprendizaje". En los países que no forman parte de la OCDE fue de 16 puntos.
- Es el nivel más bajo registrado hasta ahora por PISA en los tres dominios centrales.
- Las chicas superan a los chicos en lectura por 30 puntos en promedio.
- El mejor desempeño fue el de Singapur, con 535 puntos, seguido por B-S-J-Z (China), con 527.
Qué es el "nivel 2" y por qué se repite tanto
El nivel 2 es el umbral que la OCDE considera el mínimo necesario para participar plenamente en la sociedad: leer un texto corriente, entender la idea principal y sacar una conclusión sencilla. Alrededor del 31% de los alumnos de la OCDE no llega al nivel 2 en lectura; o sea, el 69% sí lo alcanza.
Otro dato que suele aparecer recortado: uno de cada cinco alumnos de 15 años de la OCDE es de bajo rendimiento en ciencias, matemática y lectura a la vez —en 2022 era el 16%—. No es "uno de cada cinco no sabe leer".
El dato de España
España obtuvo 451 puntos en lectura, significativamente por debajo del promedio de la OCDE (461) y del total de la UE (459), según la nota de prensa oficial del Gobierno de España del 8 de septiembre de 2026. Si lees esto desde América Latina: ese número es el de España, y la referencia global acá es la OCDE.
Por qué está pasando: lo que se sabe y lo que no
Acá es donde la mayoría de las coberturas se apura. Vale la pena ir despacio, porque la diferencia entre "coincidió" y "causó" cambia qué se supone que tenemos que hacer.
La caída empezó antes de la pandemia
La lectura viene bajando desde su pico alrededor de 2012, casi una década antes de que existiera la palabra "confinamiento". La pandemia se sumó a una curva que ya descendía; no la inauguró.
Pantallas y lectura: una coincidencia observada, no una causa demostrada
El informe señala que la mayor digitalización, más tiempo de pantalla y la caída de la lectura por placer han coincidido con peores resultados en alfabetización. Esa palabra es la clave, y conviene decirlo con todas las letras: el informe describe una coincidencia observada, no demuestra una causa. Ocurrir al mismo tiempo no es lo mismo que provocar.
Podría ser que las pantallas desplacen a la lectura, o que los chicos que ya leían poco pasen más tiempo con el teléfono, o que haya factores que empujen las dos cosas a la vez. PISA no resuelve esa pregunta. Lo que sí sabemos es que el rato de lectura hoy compite con muchas más cosas que hace quince años, y eso se puede proteger en casa.
Los "lectores apurados"
Quizá el hallazgo más interesante: la proporción de alumnos que responden rápido pero mal casi se duplicó en siete años, de casi 7% en 2018 a 11% en 2025. No es un problema de saber leer; es un problema de quedarse: de sostener la atención sobre un texto que no da recompensa inmediata. Esa capacidad se entrena mucho antes de los 15, escuchando cuentos largos sentado al lado de alguien.
Un último dato de contexto: más de uno de cada cuatro alumnos dice que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría de las clases de ciencias o en todas.
¿Y qué tiene que ver esto con mi hijo de 3 a 8 años?
Repitámoslo, porque es lo que más se distorsiona: PISA mide a chicos de 15 años. Un niño de cuatro no "va camino" a ningún resultado de PISA. No existe esa línea recta, y quien te la dibuja te está vendiendo algo. Lo cierto es más modesto y más útil: la comprensión lectora que se evalúa a los 15 se apoya en tres cosas que se construyen mucho antes —vocabulario, atención sostenida y gusto por leer—.
PIRLS: la otra evaluación, la de 4.º grado
PIRLS mide comprensión lectora en 4.º grado, chicos de alrededor de 9 y 10 años. Y también viene cayendo: de los 32 países con datos comparables en 2016 y 2021, 21 bajaron su promedio, 8 quedaron igual o casi igual y solo 3 subieron. El informe lo atribuye a "algún impacto negativo generalizado de la pandemia sobre la lectura en 4.º grado". Ese es el puente honesto: no es que PISA hable de tu hijo, es que la tendencia también aparece en chicos bastante más chicos.
Por qué esta edad es la de mayor margen
La American Academy of Pediatrics sostiene que la lectura compartida "ayuda a construir la base de un desarrollo socioemocional, cognitivo, del lenguaje y de la alfabetización saludable", y recomienda fomentarla desde el nacimiento y al menos hasta el jardín de infantes.
El Center on the Developing Child de Harvard aporta la otra pieza: las interacciones de ida y vuelta entre adulto y niño —lo que llaman serve and return— moldean la arquitectura del cerebro y se asocian con el desarrollo del lenguaje, la regulación emocional y la tolerancia a la frustración. Un cuento leído en voz alta es exactamente eso: el niño pregunta, señala, interrumpe, y tú devuelves.
Por eso los 3 a 8 años no son el momento de preocuparse: son el momento en el que más margen hay. En la guía sobre cuentos para dormir que ayudan a los niños a entender sus emociones contamos cómo aprovechar esos mismos minutos.
Seis cosas concretas que sí puedes hacer en casa
Ninguna de estas seis ideas es un programa. Son costumbres pequeñas, de las que caben en una noche normal.
1. Leer todos los días, aunque sean diez minutos
Diez minutos cada noche construyen algo que una hora el domingo no construye: la expectativa. Ayuda fijarlo siempre en el mismo lugar de la secuencia; en la guía sobre la rutina para dormir para niños de 3 a 8 años explicamos cómo encajar el cuento en un orden que el niño pueda anticipar.
Para decir: "Después de los dientes, cuento. Siempre."
2. Deja que elija el libro, y que repita el mismo mil veces
Elegir es la mitad del gusto por leer. Y si pide el mismo libro catorce noches seguidas, no estás perdiendo el tiempo: la repetición es como los niños pequeños consolidan vocabulario y estructura, y les da la previsibilidad que calma antes de dormir. Deja el libro igual y cambia solo la pregunta del final.
Para decir: "¿Cuál llevamos hoy? Tú eliges."
3. Habla del cuento, no le tomes lección
"¿Cómo se llamaba el perro?" es un examen. "¿Por qué te parece que hizo eso?" es una conversación, y es justo el músculo que PISA mide a los 15: inferir, conectar, explicar por qué. Una pregunta abierta por noche alcanza; después, silencio, y cuenta hasta cinco antes de rescatarlo.
Para decir: "¿Qué habrías hecho tú en su lugar?"
4. Léele en voz alta por encima de lo que él puede leer solo
Este punto se pierde justo cuando el niño empieza a leer solo, a los seis o siete. Su nivel de escucha va bastante por delante de su nivel de decodificación: si le lees algo más difícil, oye palabras y estructuras que todavía no puede leer. Ahí es donde crece el vocabulario.
Para decir: "Este te lo leo yo, que tiene palabras raras y me gustan."
5. Separa la pantalla de la hora del cuento
El informe no demuestra que las pantallas causen la caída, pero dos cosas no pueden ocupar el mismo rato. Si el cuento empieza donde termina la pantalla, pierde siempre. Deja un colchón entre una y otra —guardar los juguetes, lavarse los dientes, bajar las luces—. El teléfono del adulto también cuenta.
Para decir: "Apagamos la tablet, y cuando estemos en pijama viene el cuento."
6. Que te vea leer a ti
Los niños copian lo que ven hacer, no lo que les dicen. Si en tu casa nunca hay un adulto leyendo, leer es algo que se hace en el colegio. Si te ven con un libro o el diario —diez minutos, sin ceremonia—, leer es algo que hace la gente.
Para decir: "Me quedo diez minutos con mi libro acá al lado del tuyo."
Y una idea para cerrar
Si te quedas con una sola frase, que sea esta: la constancia vale más que la duración. El obstáculo, en la práctica, casi nunca es la voluntad: es el "¿y qué leo esta noche?" de las 20:40. Sirve cualquier cosa que resuelva esa fricción, desde una pila de libros de la biblioteca hasta cuentos personalizados para niños listos en un minuto.
Los resultados de PISA describen una tendencia de quince años en 91 países. No los vas a mover desde tu casa, y nadie te lo está pidiendo. Lo que sí está en tus manos es que esta noche haya diez minutos de alguien leyéndole a un niño. Eso es suficiente, y es mucho.
Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente el informe PISA y a quién evalúa?
PISA es la evaluación internacional que organiza la OCDE cada tres años entre alumnos de 15 años. En la edición 2025 participaron más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías, y se midieron lectura, matemática y ciencias. No evalúa a niños de primaria ni de preescolar: para esa franja existen otros estudios, como PIRLS, que mide comprensión lectora en 4.º grado.
¿Las pantallas son las culpables de que los niños lean menos?
El informe no dice eso. Lo que señala la OCDE es que la mayor digitalización, más tiempo de pantalla y la caída de la lectura por placer han coincidido con peores resultados en alfabetización. Coincidir no es causar: son fenómenos que ocurren al mismo tiempo, y el informe no demuestra que uno provoque el otro. Es una diferencia importante, porque cambia la conclusión práctica: no se trata de eliminar pantallas, sino de proteger un rato de lectura que hoy compite con muchas otras cosas.
¿A qué edad conviene empezar a leerle a un niño?
La American Academy of Pediatrics recomienda fomentar la lectura compartida desde el nacimiento y al menos hasta el jardín de infantes, y sostiene que ayuda a construir la base del desarrollo socioemocional, cognitivo, del lenguaje y de la alfabetización. Antes del año el niño no sigue la trama, pero sí escucha la voz, mira las imágenes y participa del ida y vuelta, que es justamente la parte que importa.
¿Cuánto tiempo de lectura al día es suficiente?
No hay una cifra mágica, y desconfía de quien te dé una. Para niños de 3 a 8 años, un rato corto y diario funciona mejor que una sesión larga de vez en cuando: diez minutos todas las noches suman más que una hora el domingo. Lo que estás construyendo no es un número de minutos, es una costumbre que el niño espera.